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jueves, 21 de febrero de 2008

Averiguan Mediante Vestigios de ADN Lo Que Contuvieron Anforas Antiguas

Por vez primera, se ha conseguido identificar el ADN proveniente del interior de contenedores de cerámica en un antiguo pecio (restos submarinos de un naufragio) sobre el fondo marino, haciendo posible determinar cuál había sido la carga del navío aún cuando no quedan huellas visibles de ésta.
El logro es obra de un equipo del MIT, el Instituto Oceanográfico de Woods Hole y la Universidad de Lund en Suecia.Raspando el interior de dos de los contenedores, concretamente ánforas, los investigadores extrajeron minúsculas pero útiles muestras del antiguo contenido, a partir de las cuales fueron capaces de obtener secuencias de ADN que identificaron el contenido de una de ellas como aceite de oliva y orégano. La otra ánfora probablemente contuvo vino, y los investigadores están llevando a cabo análisis adicionales para confirmarlo.Brendan Foley y Maria Hansson encontraron las evidencias del ADN en los restos de un naufragio de hace 2.400 años, que yace a 70 metros de profundidad cerca de la isla griega de Chíos (o Quíos), en el Mar Egeo.Foley, junto con David Mindell, dirigió una expedición en el 2005 que exploró los restos y recuperó las ánforas.Muchos arqueólogos se especializan en el estudio de las ánforas, los contenedores de carga del mundo antiguo, empleadas para embarcar todo tipo de alimentos líquidos o semilíquidos. Pero el estudio de estos contenedores puede ser algo muy frustrante, porque después de siglos en el fondo marino, por regla general el contenido ha desaparecido, y los arqueólogos encuentran sólo "botellas vacías".
La nueva investigación señala la manera de analizar cientos de contenedores, los cuales pueden contarnos con qué se comerciaba y dar detalles referentes a la producción agrícola de una nación. Tales análisis de cultivos antiguos pueden desvelar datos nuevos sobre el clima de la época en que se cosechaban. También podrían aportar nuevos genomas con que enriquecer el fondo genético de las variedades de especies comestibles que hoy se explotan.El descubrimiento del ADN del aceite de oliva y del orégano en un ánfora fue toda una sorpresa, porque la isla de Quíos era bien conocida en el mundo antiguo como un gran exportador de vinos altamente cotizados, y los arqueólogos habían asumido que las ánforas de un barco en esta área debían haber transportado básicamente vino.La otra ánfora de donde Foley y Hansson fueron capaces de extraer ADN sí pudo muy probablemente haber contenido vino, aunque esto todavía no se ha confirmado en el momento de escribir estas líneas.

martes, 22 de enero de 2008

Noticia del dia 22/01/08

Los Hornillos
Láchar, (Granada, España).



Del 17 al 31 de julio de 2005 se ha desarrollado en el municipio granadino de Láchar un Campo de Trabajo Arqueológico. Jóvenes voluntarios de casi todas las regiones de España, bajo la supervisión de los arqueólogos Teresa Bonet García y Juan Alonso Cañadas Suárez, han realizado labores de limpieza, documentación y puesta en valor de varias estructuras, identificadas como silos.

El yacimiento, conocido como “los hornillos” se encuentra en el llamado pinar de Peñuelas, en una zona elevada (576 m) al suroeste de la Vega de Granada, a escasos kilómetros del río Genil.

Se trata de la primera intervención realizada en este yacimiento, por lo que la información obtenida aporta nuevos datos para el conocimiento histórico de nuestra región.

En las cercanías existen varios yacimientos.

Daragoleja, una villae del siglo IV, excavada por Gómez Moreno, se encuentra al otro lado del río. No muy lejos queda la ciudad romana de Ilurco.
Ibn al Jatib nos habla de qaryat al-Hayar, topónimo identificado con Láchar por distintos investigadores, alquería de época nazarí. Próximas se encuentran las torres de Roma y el Boldonar, también de época nazarí.

En un espacio de unos doscientos metros cuadrados encontramos seis estructuras excavadas en la roca (caliza, conglomerado) de planta circular y perfil acampanado. Se trataría de lugares de almacenamiento (silos), de gran capacidad, pues pueden tener una profundidad de 3,5 a 4 metros. Tienen una boca circular cuyo tamaño oscila entre los 80 y 120 cm.

El estudio de la cerámica encontrada nos hace pensar que hay un poblamiento continuo desde los siglos VIII, hasta principios del XIV, es decir desde el momento de la invasión islámica hasta época almohade-nazarí.

La excavación de este yacimiento aportaría datos de relevancia para el conocimiento del mundo rural en la Alta Edad Media, insuficientemente estudiado hasta el momento, así como del período almohade, dos momentos en los que se producen importantes cambios poblacionales en el territorio.

Los Arquitectos de la Caída de Angkor

Los arquitectos de la famosa ciudad de Angkor, en Camboya, inconscientemente diseñaron su desmoronamiento medioambiental, según la investigación de un equipo internacional de científicos. Esta revelación apoya una hipótesis muy disputada del arqueólogo francés Bernard-Philippe Groslier, quien hace 50 años sugirió que el inmenso asentamiento medieval de Angkor fue definido, sostenido, y finalmente ahogado, por la sobreexplotación y los impactos medioambientales de una compleja red de gestión del agua.
Diversos monarcas se sucedieron en el gobierno del área de Angkor desde aproximadamente el año 800 de nuestra era, produciendo las valiosas obras arquitectónicas y las esculturas conservadas ahora como Patrimonio de la Humanidad. En el siglo XIII, la civilización ya estaba en declive, y la mayor parte de Angkor fue abandonada a principios del siglo XV, excepto Angkor Wat, el templo principal, que permaneció ahí como santuario budista.Groslier supuso que una red de caminos, canales y estanques de irrigación establecidos entre los siglos IX y XVI resultaron ser demasiado extensos para administrarlos debidamente. Argumentó que la limpieza extensiva de tierras para los campos de arroz que alimentaban a la población de hasta un millón de personas que vivía en la ciudad amurallada de Angkor, produjo serios problemas ecológicos, incluyendo la deforestación, la degradación de la superficie del suelo y la erosión.Muchos arqueólogos otorgaron escasa credibilidad a la hipótesis de Groslier porque no fue capaz de apoyarla con datos empíricos sobre el terreno más allá del complejo del templo central de Angkor.
Usando modernas fotografías aéreas y radares sensores de terreno de alta resolución, que no existían cuando Groslier presentó su teoría, un equipo internacional de investigación, incluyendo al profesor Tony Milne (Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia), estudió un área de casi 3.000 kilómetros cuadrados, confirmando la hipótesis de Groslier mediante la correlación de las imágenes con mapas existentes, bases de datos topográficos e información complementaria procedente de minuciosas investigaciones arqueológicas.El equipo descubrió más de mil estanques artificiales, y por lo menos 74 templos más, en la región de Angkor, revelando ruinas que cubren un área de un millar de kilómetros cuadrados.Las imágenes de radar empleadas en el estudio fueron captadas por especialistas de la NASA mediante uno de los instrumentos de un radar especial aerotransportado (el AIRSAR), capaz de reconstruir con precisión las estructuras ocultas de la superficie, a través incluso de las capas de nubes.El instrumento puede producir imágenes de alta resolución detectando estructuras superficiales tan pequeñas como de 20 centímetros de altura, y puede distinguir diferencias muy sutiles en la vegetación de superficie y la humedad del suelo, diferencias capaces de delatar la presencia de vestigios de ruinas.